Músicos y musicalidad en el Caribe

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    22 NOVIEMBRE 2021

    El Son, engendrado en Santiago de Cuba como ritmo netamente cubano estaba dando vueltas por Santiago, Manzanillo, Guantánamo y Bayamo, es decir, por el oriente de la isla cubana desde el clareo mismo del siglo XX.

Existe una vasta obra literaria que estudia al son en su historia y modalidades. Cuba a la cabeza.

Cuando el compositor cubano Manuel Corona hizo su tema “Santa Cecilia”, y mucho más, cuando María Teresa Vera le dio vida con su mágica voz, no estaban, a través de este nombre de mujer sino haciendo justicia a la dulce patrona de los músicos, los que por esta fecha ofrendan canciones para compartir la especial bendición de la santa instrumentista, tan martirizada por los romanos.

Santa Cecilia

El músico, como el poeta, pertenece a la casta privilegiada de los seres humanos que matizan la vida de los otros mortales, y en esta zona del mundo los que matizaron y dieron vida a lo más sublime para el alma divertir: El Son Montuno de Cuba.

Se les rinde tributo porque los músicos soneros son parte demasiado importante en la musicalidad caribeña, la sonoridad más contagiante del planeta. Al grano.

Génesis

Muchos creen que junto a Ignacio Piñeiro nació el Son. Otros piensan que fue Matamoros el del asunto. Y el Son, engendrado en Santiago de Cuba como ritmo netamente cubano estaba dando vueltas por Santiago, Manzanillo, Guantánamo y Bayamo, es decir, por el oriente de la isla cubana desde el clareo mismo del siglo XX.

Su nacimiento, como buen hijo de Cuba al fin y al cabo se produjo en medio de una doble confrontación. Por una parte estuvo la Guerra de Independencia que liberó a los cubanos del dominio español en 1898 y por la otra la decantación efectiva de la vertiente contradancera y la canción tradicional.

De una saldrían, por una parte, las orquestas típicas, de Charangas, y el Danzón; de la otra saldrían el Bolero, la Trova Madre y la Guaracha.

Más cerca a la canción tradicional estuvo el Son. Todos en la misma olla cubana.

Mucho antes de que Miguel Matamoros o Ignacio Piñeiro fueran conocidos por sus sones, ya el ritmo estaba entrando en los grandes salones de la élite cubana, llevado de la mano por el Danzón.

Se debe recordar que el primer Danzón de la historia, “Las alturas de Simpson” fue estrenado el 1° de enero de 1879 en Matanzas por su creador, Miguel Faílde, y que a finales de 1909 José Urfé compuso un danzón, “El Bombín de Barreto” al que incorporó en su segunda parte el montuno del Son cubano, a juzgar por cuanto escrito hay sobre el tema.

Urfé le agregó sabrosura al que sigue siendo el Baile Nacional de Cuba.

El Bombin de Barreto

Quiere esto decir que no solo había Son a comienzos del siglo XX sino que además ya el montuno era reconocido como una de sus partes.

Analizando meticulosamente, ese montuno de “El Bombín de Barreto” sería el primero de los populares.

Piñeiro, nacido en La Habana en 1888, es una prueba de la síntesis vivencial que en el Caribe define a los cantores y una excelente muestra del ingrediente sonero en la salsa del Caribe.

Trabajó en los puertos y en las tabaqueras y junto al trabajo fue asimilando las fiestas y jolgorios que se armaban en esos lugares además de en su barrio de residencia, Pueblo Nuevo, donde los Cabildos de ascendencia africana mantenían su vigencia, a través de rituales, y, sobre todo, de la música.

Para 1906 Piñeiro ya integra Coros de Clave destacando en la improvisación de décimas. Al poco tiempo era el flamante director de “Los Roncos”, nombre familiar a quienes han seguido el desarrollo de la música cubana.

En ese ir y venir lo sorprende 1926 como contrabajista del Sexteto que fuera fundado por María Teresa Vera, el “Occidente”. Un año después, y habiendo asimilado la particular manera que tenía María Teresa de conducir su grupo, y habiendo además viajado con ella a los Estados Unidos de Norteamérica, Piñeiro le compra el grupo a María Teresa cuando ésta, al iniciarse en el mundo de la religión Yoruba y habiendo resultado ser hija de Ochún, recibe de la diosa Yoruba el mandato de no volver a cantar.

Así Piñeiro se hace dueño del sexteto de la inmortal autora de “Veinte años” y funda al año siguiente, en 1927 el Sexteto Nacional al que transforma luego, con la incorporación de metales, en septeto.

Es con este Septeto Nacional que Piñeiro aporta a la historia de la música sus mejores creaciones, entra las cuales está, por supuesto, “Échale Salsita”. Y esto no quiere decir que no hubiese creado antes. La prueba está en los temas que Piñeiro le dio a María Teresa para que los estrenara, como “En la alta sociedad” y “Sobre una tumba una rumba”.

También hay que acotar que María Teresa Vera no fue exactamente una sonera, sino una trovadora, más Piñeiro, a imagen y semejanza del Son componía para el Sexteto Occidente con mucho gusto haciendo cambiar los giros de María Teresa de quien, se dijo, siempre estuvo enamorado. María Teresa Vera nunca se casó.

Échale salsita

Gershwin y Cuba

Tal vez muchos no sepan la relación de amistad que se sembró entre Piñeiro y el compositor estadounidense George Gershwin.

Este detalle es bueno saberlo porque Gershwin, admirador de la obra de Piñeiro tomó precisamente “Échale salsita” para, sobre algunos de sus giros, hacer su “Obertura Cubana” (1932) que le dio la vuelta al mundo mucho antes de que se entrara por predios caribeños en la polémica de la palabra.

Y en cuanto a la ficción, en 1991, en La Habana, y casi a las puertas de Radio Progreso el talentoso e inolvidable investigador y locutor cubano Eduardo Rosillo señaló en presencia de la periodista a un hombre un tanto mayor, quien transitaba como buscando el malecón, con esa tranquilidad de las tardes de modorra que da el sol habanero.

Rosillo indicó que ese hombre era hijo del famoso vendedor de butifarra en el cual Piñeiro se había inspirado para componer “Échale salsita”. O sea que el tema de Piñeiro era una crónica, a las que tan dado se es en el Caribe.

Es bastante probable que Échale salsita no haya nacido en 1933 sino antes en virtud del dato según el cual Gershwin la tomó como inspiración el año anterior.

Pero es el primer tema masificado en el cual se hace el paralelo entre la salsa en tanto que ingrediente, el preparado que otorga sabor, y la música popular. No está de más acotar que la salsa en tanto que ingrediente, se tiene que elaborar.

No nace sola. Tomates, cebollas, ajíes, pimentones y muchos elementos más la conforman. Exactamente así es la salsa musical, sólo que en lugar de vegetales contiene muchos géneros musicales.

Obertura Cubana

Y en eso llegó Miguel

En cuanto al Trío Matamoros y su importancia en el Son, que luego se trasladará a la salsa, nada mejor que citar al investigador y cronista cubano Eduardo Robreño:

“Desde el año 1900, principalmente en La Habana, cuando primeramente Alberto Villalón y después Sindo Garay trajeron el bolero oriental, sincopado y rayado, esa música alegre y pegajosa, que decía de por sí lo que era el carácter del cubano, fue desplazando lentamente a la canción trovadoresca del siglo pasado, melancólica, pausada, en que, como bien decía un chusco de entonces ‘ podía echarse una pequeña siesta entre un compás y otro”.

Manuel Corona, polifacético y dúctil en todo lo que a la música cubana se refiere fue un cultivador afortunado de esas guarachas que recogían hechos y acontecimientos populares y que posteriormente fueron clave en los éxitos de Matamoros.

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Miguel Matamoros. I Foto: Cortesía

Todas estas interpretaciones se hacían con una o dos guitarras. Y en verdad que las parejas trovadorescas de entonces hacian magníficas interpretaciones: Floro y Miguel, Parapar e Higinio, María Teresa y Zequeira, Sindo y Guarionex, Pancho y Tata, por solo citar a algunos.

Pero llegaron Ciro, Cueto y Miguel. Los dos últimos con sus guitarras prodigiosas y el primero con un Segundo ‘macho’, después que en sus mocedades había comenzado cantando en la voz prima.

Miguel, punteando con la yema de los dedos hace primar la canción, cosa ésta que únicamente Eusebio Delfín, en su querido Cienfuegos, había ensayado, y crea unos pasajes melódicos a modo de introducción, que al escucharlos no se sabe qué apreciar más, si la parte del canto, o esos momentos de enlace, como en ‘Mamá, son de la loma’.

El Trío sonó cual ningún otro grupo trovadoresco. Valía por un Sexteto”

Son de la Loma

Existe una vasta obra literaria que estudia al son en su historia y modalidades. Cuba a la cabeza, obviamente, investiga permanentemente en este campo, y los investigadores y musicólogos cubanos pueden hablar en propiedad de todo el complejo sonoro del Son.

También en Puerto Rico, México, Colombia, República Dominicana, Perú y Venezuela por citar a algunos países, se estudia con profundidad el tema, pues si bien el son no es oriundo de ellos, ha encontrado magistrales seguidores a través del tiempo.

Y para muestra está el botón que significa el Sonero Clásico del Caribe, venezolano.

Carmelina